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De tonto a las tres

 

Me van a permitir que retome un artículo de hace unos meses. No es por comodidad, que puestos a escribir lo mismo me da ocho que ochenta. Sino porque me viene como anillo al dedo. Les ofrezco un extracto, eso sí, que minuto y pico da para lo que da. Al grano.

Me imagino tres oncólogos que determinaran el riesgo de cáncer de toda la población mundial. Me imagino tres productores de cine que pudieran juzgar el gusto por la gran pantalla de todos los habitantes del planeta. Me imagino tres fabricantes de silla que estimaran nuestra posibilidad de padecer algún trastorno en la espalda. Me imagino tres agentes comerciales de inmobiliarias que estimaran las opciones de venta de todo el sector. Me imagino tres jefes de taller que pudieran decidir las necesidades de bujías y pistones de todo el parque móvil del mundo.

 

Me imagino tres músicos que juzgaran la estética de todos los oyentes de La Tierra. Me imagino tres supermercados que pudieran inducirnos qué producto, qué marca, qué sabor, qué cronología, deberíamos consumir. Me imagino tres desarrolladores de software que pudieran predecir qué aplicaciones sabe usar cada usuario. Me imagino tres porteros de finca que pudieran establecer los cotilleos de todos los vecinos de cada edificio de cada barrio de cada ciudad. Me imagino tres biólogos en cuyas manos se dejara el estudio de las especies animales que pueden extinguirse, de las vegetales que nunca más devolverán oxígeno por dióxido de carbono.

Me imagino tres arquitectos que pautaran dónde y cómo habrá terremotos y por tanto dónde y cómo es rentable invertir en edificaciones. Me imagino tres entrenadores que guiaran los designios de todos los equipos deportivos en todos los países, en todas las disciplinas. Me imagino tres políticos que asignaran el presupuesto de todas las naciones. Me imagino tres criminales que planearan todos los asaltos, homicidios y hurtos, y hasta escribieran las negras crónicas de tan luctuosos sucesos.

 

Algunas de esas imaginaciones están más cercanas a la realidad que otras. Pero sólo cuando todas se cumplan, me será posible concebir que tres, y sólo tres, agencias de calificación, tengan amordazados a los mercados, y con ellos a esos títeres llamados ministros de Economía, y con ellos a sus correspondientes primeros ministros.