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Cuatro verdades que nadie les dirá

 

Lo que les traigo hoy no me sucede a menudo, pero de vez en cuando toca. Les hablo de ponerme generoso. Ya saben que mi empeño natural es obligar a claudicar a quienes nunca tienen suficiente con esquilmar al respetable para llenar su panza de ambiciones. Sin embargo, visto que la tarea es harto complicada, hoy hago un cambio de rumbo momentáneo para decirles cuatro verdades que, de otro modo, nadie les va a contar.

Primera verdad: vendan absolutamente todo lo que tengan y que no les sea estrictamente necesario. Vendan a bajo precio, si es menester, porque hoy podrán hacer poca caja, pero mañana seguramente no puedan hacer ninguna. Segunda verdad: no todas las entidades financieras son iguales. Unas son herederas del pillaje político y otras son muestra y garantía de oficio y profesión. Averigüen dónde tienen sus ahorros y actúen en consecuencia.

 

Tercera verdad: no pierdan más el tiempo hablando de política en los bares, que en este consejo lo que hace perder el tiempo no son los bares, sino la clase política. Sus miembros, con respetabilísimas excepciones, están a lo suyo. Cuarta y última verdad, y precisamente por lo anterior: vayan a lo suyo, empiecen hoy su guerra, su proyecto, su vida, no esperen a que nadie les saque del agujero. Luchen, suden, sangren y nunca calmen su sed de victoria.