Edición Limitada

Pálpitos que pierden fortunas

No debe sentar muy bien que te planteen un negocio, darle vueltas y más vueltas, y finalmente decidir que no y enterarte, al tiempo, de que ha triunfado. Eso fastidia. Pero al revés tiene que fastidiar muchísimo más…

Cada vez que pierdas algún dinerillo queremos que te consueles con lo que te ofrecemos a continuación.

Hace unos años, los fundadores de Google ofrecieron la venta del buscador a Excite por un millón de dólares. A los de Excite el nombre de Google quizá no terminaba de sonarles el todo bien, y decidieron rechazar la oferta. Así que Google la rebajó a 750.000 dólares, una auténtica ganga, pero que no, que Excite estaba muy bien así. No podemos imaginar cómo se estarán tirando de los pelos ahora mismo.

Aunque los más jóvenes piensen que Facebook es la revolución, ha habido una larga lista de antecesores. No me refiero a Tuenti, ni Twitter, ni Instagram…sino a MySpace. Fue una de las primeras redes sociales del mundo. En el año 2000, el propietario Sky y Fox, compró dicha red por 580 millones de dólares, y la vendió en 2011 por 35 millones. Como suele ocurrir con todas las redes sociales; nacen, exitazo y mueres. Algunas corren menos suerte y se saltan la fase de exitazo.

Precisamente en el mismo año que se compró MySpace, se unieron dos compañías para formas AOL Time Warner sumando un valor de 350.000 millones de dólares, pero perdieron casi toda la participación del mercado para 2007. Pasaron de tener 30 millones de suscriptores a su servicio de comunicaciones, a contar con tan solo 10 millones. AOL cerró operaciones con un valor de mercado de 20.000 millones de dólares, dejando a cientos de trabajadores en paro, y vendiendo sucursales a bajo precio.

Seguimos con Enron, una de las mayores empresas de energía estadounidenses, reportó ganancias superiores a los 1.000 millones de dólares. Sin embargo, un año después se declaró en bancarrota, debido a deudas que superaban los 30.000 millones de dólares. La quiebra dejó en la calle a toda la empresa, que veían en primera persona como bajaban las acciones de 90 a 0,42 dólares. Por si fuera poco, se quedaron sin fondo de pensiones, y colapsó los mercados energéticos del mundo.

A finales de la década de los 90, se pensaba que la difusión de Internet iba a cambiar la economía a nivel mundial. Fue tal el fervor, que las acciones de una empresa que tuviera el prefijo “e” o el sufijo “.com” se disparaban. Pero todo lo bueno acaba, explotó la burbuja y las acciones cayeron estrepitosamente. A principios de 2002 el Nasdaq estaba en 1300, casi igual que en el 96, y miles de empresas “.com” quebraron hasta hundirse.

Nos vamos con un negocio que rechazó a los mismísimos Beatles. Ocurrió en 1962, cuando Dick Rowe, jefe de la división de música popular de Decca Records, recibió a cuatro jovencitos en busca de una oportunidad para que alguien les grabara un disco. El productor les hizo el favor de escucharles, puso mala cara y los rechazó diciéndoles: “esa música de guitarra está en decadencia”. Ese grupo respondía al nombre de “The Beatles”, que finalmente de la mano de George Martin, se convertiría en la locura adolescente del siglo XX. Por su parte, Rowe prefirió a “The Tremeloes”, un grupo que alcanzó escaso éxito, trató de resarcirse y logró firmar con “Rolling Stones” un par de años después. Pero el karma hizo una de las suyas cuando en 1970, el grupo abandonó la firma.

Nos adentramos en el mundo tecnológico. Corría el año 1876, cuando un desconocido Alexander Graham Bell acudió a Western Union Telegraph Company, para presentar su “humilde” invento: el teléfono. La respuesta de la empresa fue la siguiente: “Este “teléfono” tiene muchas cosas en su contra para ser considerado un medio de comunicación. El aparato no tiene ningún valor”. Pero no se dio por vencido y creó la Bell Telephone Company, en Boston; y en 1892 realizó la primera conversación telefónica de la historia. Western Union decidió contratar a otros dos genios de la época, Elisha Gray y Thomas Alva Edison, para hacerle competencia pero fue un fracaso.

Esperemos que estas historias, aunque ya pasadas, sirvan de motivación a los nuevos emprendedores de ahora, ¡nunca hay que rendirse!

 

Odina Sanz Barnola