Barra libre laboral

Está curioso un informe que ha elaborado un despacho de abogados a propósito de las sentencias del Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional tras la última reforma laboral. Esa que nos iba a sacar de los infiernos y a estimular la creación de empleo favoreciendo su destrucción.

Cuenta el informe que al Gobierno le han salido unos tiros bien y otros por la culata. A nadie se le oculta que entre los sueños húmedos de los promotores de las reformas más duras está el de la gratuidad total del despido. Total y absoluta: “te despido porque me da la gana, porque sí, por mis gónadas, y no, no hay casilla de salida como en el Monopoly para cobrar 40.000 pesetas”. Pues eso de momento les va saliendo medio bien: justificar un despido es hoy más fácil que nunca. Con decir que se va mal, o que se va menos bien, o que ahí vamos, tirandillo pero apretados, está hecho.

Otro sueño húmedo de quienes mezclan poder con sadismo, y les gusta manejar las pesadillas del respetable, es que los jueces se coman todos los trágalas que vengan del Ejecutivo, o del Legislativo, tanto monta monta tanto. Vaya, que no haya un Poder Judicial compensatorio. La ley viene a decir que qué sabrán los jueces de ser empresarios, como si sus señorías del Congreso o el Senado tuvieran la más remota idea en la mayoría de los casos. Y ahí los togados no han tragado: por supuesto que su función, dicen, es interpretar la ley. Hay Poder Judicial, y ejerce como tal, guste a quien guste.

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