No juguemos con las cosas de comer

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Solo faltaría eso, que fuéramos tan cafres de cargarnos los pequeñísimos e incipientes síntomas de reactivación económica porque la herencia de los últimos años nos deje un histórico de datos de los de mirar con la nariz tapada. Que una cosa es medir el pasado reciente, y otra proyectar a partir de él.

Les digo esto por los ratios de morosidad de los principales bancos, que están saliendo a la luz y que a más de uno ya le ha dado para contarnos que esto va de mal en peor. Pues mire, pues no, no necesariamente. Si usted le da un vaso de leche a un mendigo, no habrá conseguido que de pronto sea un ser alimentado de forma equilibrada, pero al menos tiene un vaso de leche que antes no tenía. Pues con el crédito bancario igual: si venimos de una situación de impago por razones de fuerza mayor, por más que el nuevo crédito sea viable, no va a cambiar las estadísticas de la noche a la mañana.

Los que analizan los datos solo por la cifra más llamativa deberían pasar por botica y pedir esparadrapo para taparse la boca y entorpecerse los dedos. Aunque solo sea porque casi ninguno de ellos supo anticipar en 2006, en 2007 e incluso en 2008 la que se nos venía encima. Que no es que diga yo que ahora vayamos fetén, pero de ahí a ponernos estupendos porque es mejor decir que todo va mal, sin matices, va un trecho. Señores de la titulitis y la titularitis, por una vez, quédense calladitos, que están más guapos.

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