Opinión

Guión de lujo para la patronal

Me pongo nostálgico, qué le voy a hacer. Corría el año 1999 cuando un amigo, paseando una noche de otoño, me dijo: ¿sabes qué? Que voy a volver a votar a estos tíos. Vale que tengo un curro por el que me pagan una porquería; pero macho, al menos tengo un curro.

Han pasado 15 años, y seguimos aspirando a eso, a tener un simple y vulgar curro, antes que estar en la compleja telaraña del desempleo. Cómo sea ese curro es lo de menos, como si te cuesta más ir y volver de él, comerte dos horas de atasco, engullir cualquier porquería industrial de camino y robarle más horas al sueño que las horas de sueño que te robó tu despido hace tres años, cuando te creías inmortal y con el viento a favor. Ni tenías tanto, ni aguantabas tanto, ni eras tan conocido. Pasaste de ahorrar a pedir prestado, y últimamente a ser fiado en los bares. Así que un curro. El que sea.

Esa es la buena nueva que nos trae la gran patronal. Que va a haber curro. No para todos, pero sus 400.000 empleos sí que los tendremos de aquí a un tiempo, ya se verá cuánto tiempo. Que, bien mirado, casi llega al 10% de la población parada, descontando el desempleo sistémico. Y que sí, que serán rancios y de mala calidad, pero oigan, menos da una piedra. Y me digo: si yo fuera guionista de la patronal, esta película es de final feliz. Primero se pone al personal contra las cuerdas, y cuando están a punto de morir de hambre se les dice: comer porquería o no comer, ustedes deciden.