Hackear la industria funeraria

No se me ha muerto nadie, pero ayer domingo me salieron los difuntos en una charla, y me enteré, ignorante de mí, de los costes que conlleva un finado. Un fallecido sin lujos, entre pompas, ataúdes, lápidas y más impuestos que días tiene un bisiesto, se sube a los 15.000 € entre pitos y flautas. O entre pagos y huesos, como prefieran.

Me pregunto qué pasa con las familias sin recursos. Lo mismo sus muertos yacen en fosas comunes, vaya usted a saber. Pero como los lunes son día de emprender, y hoy he madrugado generoso, les regalo una idea por si quieren ponerla en marcha: monten una empresa especializada en hackear a la industria funeraria. No me entiendan mal, no me refiero a tumbarles la página web, sino a reventar la industria, o reinventarla, que no por nada reventar y reinventar suenan tan parecido.

Las empresas funerarias no son malvadas per se. Hacen su negocio como cualquiera, con sus ventajas y sus debilidades. Y sus oportunidades, como esta que les digo. Monten una empresa experta en rebajar los costes, rapiñar hasta el último céntimo de impuestos y no hacer la vida cuesta arriba a los vivos. Que demasiado se nos toma el pelo cuando estamos en el bollo, como para que se le tome a nuestros herederos cuando nos vamos al hoyo. Piénsenlo. Muertos habrá siempre. Y un negocio justo, en estos tiempos, se lleva de calle a la clientela. Monten la empresa. Y no me den las gracias, que es lunes.

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