Opinión

Menos infantes y más cuentas

Me decía ayer un amigo, y me decía bien, que ponernos como nos ponemos por lo del Infante consorte, léase Iñaki, es poco más o menos que de quiero y no puedo de barriada, de envidiosos, de correveidiles, de ajusticiamientos tópicos. Vaya, que tanto ‘infantismo’ resulta infantilismo.

A mi amigo, que le pasa como a quien les habla, que a base de no tener un pelo de casi nada, tampoco lo tiene de tonto, lo que le lleva los diablos no es que se las hagan pasar canutas a don Iñaki. O a tantos otros ante quienes se reclama un daño guiados por la espoleta de la tan patriótica envidia española. Lo que le lleva los diablos es precisamente esto último, que somos como un coro de plañideras llorando la muerte de un ser desconocido, por ejemplo la Justicia, cuando debíamos ser como un equipo de cirujanos extirpando el origen de un cáncer, la corrupción.

Y ciertamente parece que últimamente tengamos el empeño puesto en cargar las tintas contra quienes se lo han llevado muerto, a los que les da la risa ante semejante espectáculo de pobres, pues saben que en el fondo poco hay con lo que la Justicia les pueda echar mano. Y sin embargo, parecemos dispuestos a dejar irse de rositas a quienes han puesto en marcha los mecanismos de la corrupción, a los que han pagado a cambio de ser intocables. Así que menos infantes y más revisión de cuentas públicas y privadas, para poder dar un espectáculo digno, edificante, y sobre todo eficaz.