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Antes de invertir, conócete a ti mismo

A raíz de la entrevista que tuve con ella he ido reflexionando sobre una serie de aspectos que desde mi experiencia de 11 años dedicado a asesorar en inversiones financieras como Director de Renta 4 en León, me parece conveniente ir comentando en “Diario Financiero”.
Se trata de incidir en nuestro “círculo de influencia”, en aquello donde realmente podemos hacer algo, y olvidarnos un poco del “círculo de preocupación”. Mi objetivo será el que los inversores y especuladores adquieran criterio propio y sean los responsables de su propia historia financiera; parafraseando a Morgan Freeman en Invictus, que pudieran decir: “Yo soy el dueño de mi destino, yo soy el capitán de mi alma”.
Una cuestión previa a cualquier decisión de inversión es el conocimiento propio. Ya nos lo decía el oráculo de Delfos. En mi experiencia, saber cómo somos, cómo reaccionamos ante determinadas noticias o movimientos del mercado… es un elemento esencial para obtener éxito en nuestras inversiones. Como en una empresa hemos de considerar nuestras debilidades y amenazas, nuestras fortalezas y oportunidades. Uno de los aspectos cruciales es nuestra percepción del riesgo: se trata, en definitiva, de que podamos dormir tranquilos. En las entidades financieras definimos a los nuestros clientes en función de varios perfiles de riesgo que, aunque no es matemática pura, funcionan bastante bien: muy conservador (no quiero asumir nunca una mínima pérdida), conservador, moderado y tolerante al riesgo.
Debemos definir también, antes de realizar cualquier inversión concreta, el para qué de la inversión: qué pretendo conseguir, cuales son mis objetivos, mis metas. Sabiendo a dónde queremos llegar, escogeremos por un camino u otro. Como diría el conejo de “Alicia en el país de las maravillas”, si no sabes a dónde ir …cualquier camino es bueno. Vistos estos parámetros, hemos de determinar con precisión si vamos a especular o a invertir, que son dos conceptos bien diferentes. Mari Carmen me comentaba que lo que quería era obtener una rentabilidad a medio plazo, sin demasiados sobresaltos y con un objetivo del 7-8% anual. Es inversora, no especuladora. El especulador quiere obtener una ganancia en el corto plazo y por lo tanto está dispuesto a asumir mucho más riesgo.
El especulador emplea herramientas de análisis técnico, gráficos, soportes, medias móviles… y el inversor, aunque lo use también, se guía más por el análisis fundamental, que está más orientado al medio y largo plazo.
El que especula asume más riesgo que quien invierte porque la rentabilidad esperada es mayor. A veces tenemos un dinero y queremos “comprar” algo y no sabemos bien si es para especular o invertir y es conveniente tenerlo claro, porque hay acciones de bolsa especialmente indicadas para lo uno y para lo otro. En estos momentos en que la volatilidad se ha disparado y parece que todo es igual, la distinción propuesta adquiere mayor relevancia.

Miguel Angel Cercas Rueda
Director Renta 4 León
Asesor Financiero (EFPA)