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Propósitos para el nuevo año

Pero también es tiempo de disfrutar los regalos que hace dos días nos dejaban los Reyes Magos. En materia económica hablamos de esa caída del desempleo en diciembre, el descenso de la prima de riesgo, el aumento de las importaciones, la vuelta de capital extranjero a finales de año.

Pero también es tiempo para mirar todo aquello que está por venir: reforma de las Administraciones, la liberalización de algunos servicios que amenaza con sacar a la calle a arquitectos, abogados y farmacéuticos, la subida de IRPF para este 2013 que nos va a rebajar otro poco más el sueldo… Vamos, que la cosa se plantea calentita para los meses venideros, ya que este 2013 va a ser –dice el Gobierno- el que siente las bases definitivas para empezar a recuperar el terreno perdido a partir de la segunda mitad del año. Veremos si para entonces las cosas no han cambiado, ya que todavía hay que resolver muchas dudas: ¿será España capaz de capear el temporal sin pedir ayuda? ¿Llegará Estados Unidos a un acuerdo definitivo y de máximos sobre el precipicio fiscal? ¿Conseguirá Europa espantar definitivamente los fantasmas sobre la moneda única? Y éstas son sólo algunas de las preguntas que podríamos hacernos en este momento.

Pero este 2013 va a ser el que realmente ponga a prueba las estructuras sociales de nuestro país. Las medidas puestas en marcha durante 2012 van a llegar a su plenitud a lo largo de este curso, y será cuando empecemos a notar plenamente los efectos de la devaluación interna a la que el Gobierno nos somete veladamente. Rebaja salarial, disminución de costes a las empresas, aumento de competitividad, y una más que necesaria reforma de nuestro Estado del Bienestar, que están llevando a muchas familiar a quedarse al borde del abismo, si es que no lo han cruzado ya. Este 2013 debe poner las bases de la recuperación, pero también debe ser el año en el que empecemos a acordarnos un poco más de la Economía Real. De la del día a día, de la del ciudadano. Hasta ahora la cohesión se ha mantenido gracias a las ayudas sociales, las ONG’s y sobre todo padres y abuelos, pero incluso éstas estructuras llegan a su fin. Por eso es necesario que empecemos a mirar más a los individual, y a acordarnos de que la economía está al servicio de la persona  y no al revés.