Opinión

Ya toca que los profetas pasen miedo

Les decía hace unos días que jugar a adivinar el comportamiento en los precios del petróleo es una tarea más propia de adivinos que de científicos de la economía. Pero eso no es nada, se lo aseguro, nada, si lo comparamos con la labor arúspice de los magos de la chistera de la macroeconomía.

Afirma un informe reciente que en 2015 nos va a ir guay del paraguay, porque nos van a venir 18.000 millones de euros como llovidos del cielo. Para ser exactos, del cambio entre dólares y euros, de la prima de riesgo y, como no, no podía faltar, de las carambolas con el crudo.

En cuanto a lo primero, me da en la nariz que tienen más que decir el yuán chino y monedas de países emergentes que el triste euro de la vetusta Europa. De lo segundo, además de ser la típica familiar que te puede aguar la Nochebuena, la prima de riesgo no se caracteriza precisamente por ser un ejemplo de coherencia, salvo que sea la coherencia de los matones de corbata que actúan en el parqué. Y en cuanto a lo tercero, permítanme que le retire hasta el saludo a quien trate de otorgar al barril de petróleo un mínimo de sentido común.

Así las cosas, este humilde columnista no puede más que constatar lo que la propia realidad enseña en su crudeza. Que la economía es cosa de profecías autocumplidas, y que como tantas veces les he dicho: nunca ha habido crisis. Que fue un invento que les ha venido de perlas a los aliados del miedo. Por tanto, les digo como un moderno cantautor: ya es hora de que el miedo cambie de bando.