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Lo posible y lo deseable

Pasaron los días en los que Grecia era un caso excepcional como ejemplo de todos los incumplimientos. Sus problemas contaminaron a toda la Europa económica y era el problema a resolver. Cuando se hablaba de España se nos decía que no era Grecia. Pasaron los días en los que empezamos a saber lo que era la prima de riesgo cuando los puntos básicos comenzaron su escalada.. Pero, se nos decía, eran valores pasajeros que se arreglarían cuando se superaran situaciones como la de Grecia. Lo de Irlanda y Portugal parecían problemas ajenos, sin que, desde aquí, se calibrara lo que suponía una intervención bajo la palabra rescate. Y pasaron también los días en los que se nos transmitía tranquilidad porque la solvencia de los bancos era sólida. Las fusiones y la superación de exámenes así parecían atestiguarlo.

 

Pero pasaron esos días y resulta que las cosas no eran así. Efectivamente España no era Grecia. Pero tampoco España era España. Saltó lo de Bankia y se descubrió que bajo las alfombras de sus balances, faltaban y sobraban ceros y los números azules se tornaron rojos. La prima de riesgo seguía su escalada y, superando puntos, se acercaba a los 500. Ahí empezaba el abismo. Pero se superó con creces y leíamos hace pocos días, con toda la tranquilidad del mundo, como su valor se había “relajado” hasta los 400 y mucho. Por otra parte, y ante la difícil situación bancaria, se lanzaron bengalas en petición de auxilio y desde tierra adentro se facilitaron ayudas que se encuentran todavía pendientes de ratificar por los expertos. Mientras, las agencias de calificación continuaban cambiando letras mayúsculas por otras mas pequeñas.

 

Pero pasó el tiempo y al día de hoy persisten los problemas. La situación económica se deteriora por días y, a pesar de todos los esfuerzos del gobierno, el Banco de España, en sus últimos informes, sigue reflejando datos negativos que confirman la recesión y el deterioro creciente de la situación empresarial. Mientras, Bankia y su entorno siguen siendo una continua fuente de sorpresas. Se sigue implorando a Europa pero se está perdiendo la confianza en que pueda aportar soluciones. Y la opinión pública sigue recibiendo las noticias del día a día con la conciencia de que todo va a peor sin que nadie pueda impedirlo. Se está produciendo una anestesia colectiva ante la información de los hechos y ante la celebración de cumbres europeas en las que se llegan a acuerdos que, a su vez, siguen planteando mas dudas.. Todo se contempla como posible y nada nos parece extraño.

 

Ni las dudas sobre la viabilidad del euro, ni la posibilidad de que podamos tener encima un rescate en toda regla. Y, con respecto a este tema, parece percibirse como un velado cambio en la opinión. Se puede estar pasando de la sensación de lo posible a la de inevitable para, casi sin darnos cuenta, pasar a lo deseable. Aunque nos parezca mentira.