Las vicisitudes de Rajoy

Pero también es muy demagógico. Llevarnos las manos a la cabeza por 8.000 mortadelos, seguridad aparte, es poco menos que de tontos útiles, cuando lo que está en las salas de los tribunales, o debería estar, son los millones de euros sin más referencia creíble que unos apuntes a mano alzada meidin Bárcenas. Deberíamos saber ya a estas alturas que quienes están en ciertas posiciones no renuncian ni renunciarán nunca a la idea de que son semidioses, y nosotros sus siervos que con cuatro duros mal contados les pagamos sus caprichos de casta.

Antes bien, prefiero fijarme en otro aspecto del retiro vacacional: lo cuidadosamente preparada que está su agenda para que no se cruce en público con nadie, ni siquiera en ámbitos selectos como el Club Náutico de Sanxenxo, o la Plaza de Toros y el Casino de Pontevedra. Esa “no” imagen representa con mucho la verdadera semblanza actual de la marca España: un presidente solo, acorralado, temeroso y, parafraseando el genial monólogo de Rabinovich de Les Luthiers, cansado por las bicis… Por las vicisitudes de la vida.

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